Mi último día en la tierra

Probablemente hoy sea mi último en la tierra, después de haber llegado a este mundo sin apenas conocer el respiro de la brisa que cubría mi rostro, no demostré mas que el estremecimiento producto del intenso frío de aquella noche de invierno del '94. Iniciaría como un pionero en las experiencias personales, conociendo el dolor como amor, el desprecio como cariño y los sentimientos de arrepentimiento constante a mi alrededor en lugar del jubilo y alegría satisfactoria. Un entorno cubierto de incertidumbre, me ahorilló a la penumbra de la vida, no sería una de las peores situaciones pero sí la ideal para iniciarme en el camino que desembocaría en este fatídico día decembrino...

Crecí observando familias a mi alrededor, que podían sonreír sin ser forzados a serlo, que disfrutaban algo que yo jamás había conocido. Les tuve envidia siempre, pero no como para desear arrebatarles lo que un intangible destino me había reprimido poseer. Sino la envidia que me hace desear alcanzar por mis propios medios, simplemente yo deseaba salir adelante y ganarme por cuenta propia lo que no había obtenido como premio al nacer...

No tuve una infancia ni adolescencia como el resto de las personas cercanas, muchos me dijeron que debía vivir mi vida y lo supe, no lo negué pero no poseía la capacidad de elegir. Esa vida era la que me había tocado, una llena de sacrificio y sin satisfacciones en absoluto. Yo tenía fé en que un día Dios me recompensaría por todo lo que había entregado de corazón sin esperar algo a cambio. Todo lo que hice fue de forma voluntaria y sin fines de lucro, así creía que debía ser mi vida y que de alguna mágica forma las cosas mejorarían, por obra divina del señor, tal y como me lo habían prometido. Mis ideales fueron así, pero en algún momento en que empezaba a abandonar mi vida adolescente, me fui dando cuenta que esos principios me estaban destruyendo, las personas abusaban de mi hospitalidad y buscaban destruirme y vivir a costa de mi salud mental, lo cual me entristeció y ensombreció mi corazón. Decidí obedecer el lobo oscuro de mi corazón y cederle terreno en mi alma para que pudiera tomar las riendas de mi vida. Fue como tuve el valor de salir de ese hueco espiritual y mis ojos se abrieron para darme cuenta que mis manos estaban vacías, mientras que las de los demás estaban llenas de mi amor, comprensión, tiempo y dedicación... las mías solamente tenían envidia, rencor y palabras que calaron hasta mis huesos.

Decido vivir mi vida y he cometido un error... es demasiado tarde para mí y por ello he decidido pasar mi último día en la tierra antes de irme... no quiero vivirlo envidiando ni lamentándome de no haber evitado ese error, no quiero sufrir más en la angustia de la impotencia, tampoco despidiéndome de las personas que no estuvieron a mi lado, mucho menos deseo pasarlo imaginándome cómo sufrirán mis seres queridos....yo quiero vivir este día viendo el atardecer, mientras mi vida se escapa por mis manos de una forma tan tibia y satisfactoria. Sintiendo como cada uno de mis latidos de la vida se va entorpeciendo y apagando la llama de mis ojos para siempre...

Deseo que este último momento sea solo mío, ya le entregué demasiado a los demás, si fueron gratos qué bueno por ellos. Al menos no me voy con cargos de conciencia, me voy libre de los que me hicieron sufrir, de los que atormentaron mi existencia y paso a formar parte del plano universal donde mi consciencia se fundirá y esparcirá infinitamente por el cosmos hasta desparecer permanentemente mi esencia....



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