Vuelco...

 La primera mujer en romperme el corazón fue mi madre... todavía ni podía entender lo que sucedía y la situación ya me exigía una respuesta que a mi corta edad, yo todavía no podría dar... me obligaron a hacerme responsable de situaciones y cargos que con mi inmadurez fui incapaz de negar.

Mi único héroe en ese oscuro y desalmado mundo, fue el primero en ayudarme a sentir lo que era sentirse muerto en vida... mi padre fue aquel primer ángel salvador que pronto se torno de dolor y decepción. Ese hombre que por años me hizo sentir que podía confiar al menos en una sola persona, terminó mostrándome que incluso en esos casos, una traición podía venir de cualquier lado. Y, que incluso, las peores, vienen de donde menos las esperas. 

Mis únicos propósitos en la vida, eran proteger, salvar y resguardar a todo aquel que me rodeara. Si la amenaza era más fuerte que yo, entonces yo resistiría más. Si me daría miedo, entonces aprendería a enfrentarlo, si tenía que ser agresivo, lo sería. Si tenía que renunciar a mis propias creencias, entonces cambiaría de ideología. Incluso enfrentarme a mí mismo lo llegué a hacer muchas veces. Para que al final me hicieran sentir como la peor escoria del mundo. Fue en ese momento cuando supe lo que se sentía que te partieran el alma en añicos. Nuevamente como al inicio, fue la persona que me parió la que me quitó esa virginidad de sentir en cómo todo lo que habías sufrido, era nada en comparación. 

Ahora que he vuelto a confiar, he vuelto a ayudar, después de años de luchar contra esa destrucción del alma... nuevamente me siento traicionado. No basta con sentir que me han humillado, abusado física emocional psicológicamente y... ...
Ahora siento que me han traicionado otra vez, mi propia ... familia. Esta vez es diferente, como un sentimiento viejo al que ya me he enfrentado. No siento miedo, ni me siento novato. Siento una aterradora serenidad y una inmensa decepción. Sí, me siento utilizado, siento que han abusado de mí todos estos años. Me volví tan útil que me han sacado provecho a mi propia costa. No puedo permitirlo más. 

Deseo destruirme, volverme inservible, ser el leproso al que nadie acudiría por lo roto que está... no. Más bien, deseo que me vean como en realidad me siento por dentro. 

Si bien nunca he podido expresarme como en realidad me siento, porque nunca se me permitió. Quiero que se note en mi cuerpo. Y de las cenizas, si esque queda algo sobre qué reconstruirme, resurgiré nuevamente. Como algo que aún desconozco. 

silencio. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuestión de orgullo y sed de libertad

Por qué...

Me temo