Era una linda tarde de aquella época que tanto le gustaba, se sentía el fresco aire rozar nuestra piel, los pájaros cantaban, las risas y sonrisas la rodeaban a cada paso que daba. Su piel era hermosa, con esos bellos labios rojos, sin dudar de sus rizos inconfundibles color castaño, sus grandes e inocentes ojos que reflejaban una eterna felicidad; sin lugar a dudas, era la mujer mas hermosa que pude haberme encontrado, y era mi mejor amiga.
Se acercaba el día de su boda, ella estaba demasiado nerviosa dos días antes, pude notar en su mirada, una gran y profunda tristeza... le pregunté...
-¿Qué te sucede?
-No pasa nada...
-Te veo demasiado seria este día, es tu época favorita... disfrútala mas, ¿si? 
-Lo intento...
-Puedes confiar en mí... ¿Qué necesitas?
-Necesito... (me dio una carta con un sello rojo)
-¿Qué es esto?
-Ábrelo un día que yo no esté... 
-Está bien, pero si me necesitas, aquí tienes un amigo siempre
-Claro...

Nunca me dijo que le pasaba, de haberme dicho, yo hubiera entendido porque al día siguiente, simplemente se marchó, me ha abandonado... y a su prometido... todos llevan buscándola durante meses, sin suerte alguna. Sólo yo sé, a donde pudo haber ido, pero quizás ella quiera estar sola un momento...
Fue demasiado triste el día que iba a leer esa carta que ella me había dado, porque el viento se la llevó antes de siguiera poder desdoblar esos delicados dobles que sus lindas manos habían preparado para mí. Tal ves fue el cruel destino cual me puso en este lugar, tan desolado y triste... enamorarme de ella fue lo peor que le pude hacer, la simple idea de que ella se hubiese enterado de mi sentimiento la hubiese alejado o afectado me quitaba el sueño noche tras noche. Hasta que un día por fin me atreví a acercarme a esa cabaña que nosotros habíamos construido en secreto, un sitio que prometimos siempre guardar en secreto. Un sitio donde íbamos a descansar del mundo y ver las noches con los ojos abiertos hasta que nos cansáramos de permanecer despiertos...
Al llegar, ella estaba ahí, sentada, quieta, tranquila, demasiado serena quizás...
-Hola...
-No pensé que tardaras tanto en venir...
-No sabía si deseabas estar sola
-¿Leíste la carta?
-Respecto a eso... debo decirte algo...
-La perdiste, ¿verdad?
-Sí... disculpa, ¿puedes decirme que era?
-Ya no importa...

A partir de esas ultimas palabras, permanecimos en silencio hasta el amanecer...

Una hoja de papel, elevada una y otra vez por el viento... torpe, maltratada y apenas visible... cae sobre un lago... sus letras se empiezan a desvanecer con el agua que inunda la carta al momento de que esta se extiende... por última vez..."Guardo un secreto, creo que es momento de que lo sepas. TE AMO.
Es una verdad que llevo oculta desde hace mucho tiempo, no pienses mal de mí por favor... pienso dejar a Steve en el altar, por favor ve a nuestro sitio especial a las doce en punto el día de mi boda. Te estaré esperando... 

Con amor, Julia"

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuestión de orgullo y sed de libertad

Por qué...

Me temo