Escaparé de mis demonios

Acababa de llegar a mi casa con mi hermana Louisa, después de haber visitado unas albercas a lo largo de todo un día... con mi padre Alfred. Nos la pasamos muy bien. No sé en qué momento derrepente empecé a escuchar mi madre Lana gritarle a mi hermana por haber perdido sus muñecas al mismo tiempo que le golpeaba con una toalla en su rostro, yo me reduje a escuchar y ver aquella aterradora escena que me llenaba de miedo y horror.
- ¿Dónde están las muñecas? !Responde idiota! de seguro esas huercas las están usando ahora mismo. Replicaba Lana mientras seguía azotándole con esa toalla, yo solamente observaba sin poder mover un músculo. Sus gritos y los fallidos intentos de mi hermana de 3 años por protegerse de los golpes de nuestra madre enloquecida, penetraban en lo más profundo de mi psique (un adolescente de 14 años incapaz de levantarle la mano a alguno de sus padres). Aún conservo lagunas mentales, porque no sé cómo empezó esa escena tan atroz ni cómo terminé yo en el patio recostado en la tierra con una mirada perdida en el abismo del cielo, como si buscara alguna señal divina que me indicara del final de esa pesadilla viviente. Solamente sentía un estrés aplastante en mi cuerpo que calaba hasta mi alma, y yo sin poder hacer algo para recuperar la realidad. De un momento a otro, escuché a mi madre Lana darle besos a mi hermana Louisa en un intento de disculpa, entorpecidamente me reincorporé y entré a mi habitación a dormir. No podía sentir nada entonces. Me empecé a sentir muerto ya que esa no había sido la primera vez.

Tiempo después, en una noche, sin motivo aparente mi madre comenzó a golpear nuevamente a mi hermana Louisa, yo solamente escuchaba desde mi cuarto los gritos desaforados de L. una dulce niña de 3 años sin poder comprender por qué había nacido en un infierno... de pronto escuché que Lana me llamaba -!Antonio! !ven cobarde! si no vienes ahora mismo, voy a matar a tu hermana y te la haré mil pedazos. Entonces abrí la puerta y vi que tenía a Louisa del brazo llorando, Lana me miró y me repitió esas mismas palabras, refiriéndose a mí como poco hombre, que si no la defendía, le mataría delante de mí para después descuartizarla. Entonces grité -!basta! déjala en paz... Lana soltó a Louisa y ella se dejó caer en el suelo, Lana se fue, dejándome con mi hermana en el suelo gimiendo de dolor y yo... con los ojos abiertos como platos, sintiéndome lo peor por haber roto mi voto de silencio. Patético por no haber defendido a mi hermana de ese demonio que nos había tocado de madre.

Mi voto de silencio había nacido desde mucho antes. Una noche que Lana y Alfred cuando aun vivían juntos en matrimonio como mis padres, yo dormía y de pronto escucho el grito de Lana -Antonio tu padre me ha pegado el sida. Alfred- ¡Cállate estúpida! seguido del llanto de Louisa una niña de 2 años que desgraciadamente, estaba en la misma habitación, una niña que desde poco después de haber empezado a hablar ya decía que quería que Dios se la llevara al cielo a volar en las nubes.
No sé en qué momento, mi mente de 10 u 11 años se quebró y me hizo romper mi eterno silencio y gritar en forma de estruendos, a lo que le siguió el horrorozo sonido de los puños de mi padre Alfred contra el rostro de Lana mi madre. Él de la vergüenza se fue de la casa esa noche y yo vomité mi cama del estrés, nuevamente. Apenas recuperé mi cordura, fui a la habitación de mi madre, la cual se estaba quejando con su hermana de lo que había pasado, le colgó. Después estuvo intentando convencerme por seis horas (no dormí esa noche) de que nos suicidemos los tres. Yo entonces empecé a hablarle de lo bonito que era la vida y que debíamos seguir adelante (usé mis diálogos memorizados de películas motivacionales, todo en un intento por sobrevivir). Sentí que eso había pasado por mi culpa (mi madre Lana se encargaba de recordarmelo siempre).Motivo por el cual me prometí no volver a hablar cuando algo me esté rompiendo por dentro, voto de silencio que terminé rompiendo de cualquier modo.

Todos esos momentos terminaron por romperme, tuve que hacer a un lado mis emociones en lo absoluto con tal de sobrevivir y proteger a mi hermana lo mejor posible. Empecé a analizar la influencia de mis acciones en el comportamiento de Lana, todo ápice de violencia hacia Louisa yo intenté evitarlo indirectamente, sabía que nuestro padre Alfred jamás nos sacarían de ese infierno. También pensaba que en el orfanato nos violarían a mi hermana y a mí, pues con esa historia mi madre solía amenazarme a mí de vez en cuando (obviamente también sin motivo). Entendí, que lo mejor era alejarme de Louisa, sólo de esa manera Lana la dejaba en paz y se enfocaba en hacerme la vida imposible a mí en lugar de a ella.

Fueron más de diez años iguales o peores de lo mismo, situación tras situación. Escuchar el llanto inconsolable de mi hermana, los intentos de suicidio de mi madre, su repetida y abusiva violencia contra mi hermana, el repudio de mi propia madre, sus amenazas constantes, sus presiones para hacerme atacar y mentirle a mi padre. Realmente no tenía a nadie, no podía hablar con nadie. Tenía miedo que algo malo le pasara a mi hermana. Dejé de vivir, comencé a sobrevivir el tormento psicológico a tal punto que comencé a notar, que yo era realmente diferente, mi mente tuvo un desarrollo o retraso muy acentuado, me sentía tan diferente a todos, les envidiaba, yo añoraba tener una vida normal, porque sabía que las cosas que tuve que tolerar estaban terriblemente mal. Sin embargo yo no sabía qué hacer. Sólo supe quedarme callado y aguantarme todo. Empecé a decirle demonio a mi madre Lana.

Con el tiempo esos comportamientos cesaron, pero me perseguían pesadillas cada vez peores, poco a poco comencé a tener episodios de ira descontrolada. Perdí relaciones, amistades, tuve problemas en el trabajo... les comencé a llamar, mis demonios

En algún momento comencé a  consumir excesivas cantidades de comida y alcohol, es algo que ya no puedo controlar. He tenido tres intentos de suicidio, siento que viven varias personas en mi cabeza, como si de varias personalidades se tratase, creadas a partir del inmenso sufrimiento aprisionado en mi ser. He ido a terapia y ni en eso me fue bien, terminé dejándola. En este momento la parte de mí que quiere me corte las venas está latente, a la vez que otra me grita que aguante... ¿aguantar? ¿como cuando toleré por más de diez años ver los abusos de Lana sin poder hacer nada?

Creo que esas guerras en casa, ahora vivirán para siempre en mi mente... no siempre soy fuerte, no siempre siento fuerzas para seguir adelante. Al menos ahora por la pandemia, estoy obligado a ser fuerte, pues vivo con mi familia. Lana, Louisa y Samuel. Las cosas son diferentes, todo parece más sano. Aunque yo... yo estoy podrido. No sé, un día volveré a vivir solo. Cuando eso suceda, no sé hasta cuándo aguante. Quizás sea buena idea volver a terapia... quizás, si es que no me dejo vencer antes.

Con cariño, A.

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